Educar con la música

¿Por qué es tan importante enseñar música a los niños desde el nacimiento? Encontramos respuesta a esta cuestión en la afirmación de que la música es la más grande y genuina expresión del espíritu del ser humano, tan básica para su desarrollo y su existencia como lo es el lenguaje verbal. A través de la música, los niños adquieren mayor conciencia de sí mismos, del entorno y de los demás y aprenden una valiosa forma de canalizar y transformar sus emociones. Con la música pueden desarrollar de manera única su imaginación y su inabarcable creatividad y, en definitiva, vivir una vida más plena y dichosa.

En nuestra tarea educativa no podemos dejar de acercar al niño a la belleza de la música, a todo lo que ésta le puede ofrecer. La formación musical brinda a los niños:

– Aumento en la capacidad de memoria, atención y concentración.

– Mejora de la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos.

– Estimulación de la creatividad y la imaginación infantil. Es una manera de expresarse.

– Oportunidad para que los niños interactúen entre sí y con los adultos.

– Con la música, la expresión corporal del niño se ve más estimulada. Utilizan nuevos recursos al adaptar su movimiento corporal a los ritmos de diferentes obras, contribuyendo de esta forma a la potenciación del control rítmico de su cuerpo. A través de la música, el niño puede mejorar su coordinación y combinar una serie de conductas. Al combinarse con el baile, estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular.

– La música, además, introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras y fortalece el aprendizaje. Asimismo, facilita el aprendizaje de otros idiomas, potenciando su memoria.

– Provoca la evocación de recuerdos e imágenes, con lo cual se enriquece el intelecto.

– Estimula el desarrollo integral del niño, al actuar sobre todas las áreas del desarrollo.

– La etapa de la alfabetización del niño se ve más estimulada con la música. A través de las canciones infantiles, en las que las sílabas son rimadas y repetitivas, y acompañadas de gestos que se hacen al cantar, el niño mejora su forma de hablar y de entender el significado de cada palabra. Y así, se alfabetizará de una forma más rápida.

– Educa la sensibilidad hacia lo bello y el arte.

– Fomenta el hábito de estudio y de responsabilidad.

Nuestra capacidad de aprender nunca es más alta que en el momento del nacimiento. Nacemos provistos de numerosas células específicas para cada sentido, que hacen posible que nuestras neuronas establezcan conexiones y circuitos cerebrales de aprendizaje. Edwin Gordon, músico, investigador y pedagogo estadounidense, ha llevado a cabo la investigación más completa y exhaustiva de cómo aprendemos música y ha visto con claridad las enormes semejanzas que existen entre cómo aprendemos el lenguaje y cómo aprendemos música. De la misma forma que el correcto desarrollo del lenguaje requiere que los niños oigan hablar desde que nacen y esto es bastante tiempo antes de que ellos mismos puedan articular sus primeras palabras, en la música ocurre lo mismo.

Nuestro primer contacto con el mundo es un llanto, un sonido que nace desde lo más profundo de nuestro ser. A medida que pasan los meses, nos comunicamos a través de balbuceos, vocales sueltas, pequeños silabeos… Así vamos descubriendo nuestra propia voz, nuestro propio sonido, observando que cada persona tiene el suyo propio, dotado de un color y un timbre determinado que lo hacen ser único. Trabajándolo y modelándolo desde muy pequeños se busca potenciar la formación de los niños en el ámbito socio-afectivo, en el de la expresión y la comunicación.

La música es una herramienta pedagógica única. Creemos que merece la pena dotarla de un puesto privilegiado en nuestro tiempo educativo y servirnos de ella para llegar a la formación integral de la persona.