Vidas entregadas

Queridas familias:

Diciembre en el Colegio estuvo marcado por el Adviento y la Navidad, como no podía ser de otro modo, pero de una forma diferente: la venida del Señor vivida a través de los ojos de los cristianos que con tanto dolor son perseguidos en Siria y con tanta fortaleza dan su testimonio de fe, delante de los ojos atónitos –y, tantas veces, incrédulos– de los cristianos europeos. Recibimos al Arzobispo sirio católico de Alepo que nos trajo un testimonio impresionante de confianza en Dios, una visión profundamente positiva y realista de la vida, llena de esperanza. Esta muestra de esperanza ha marcado las vacaciones de muchos de los que formamos el Colegio. Hemos recibido noticias de la huella que ha dejado en alumnos y profesores, que hemos vivido la Navidad con la realidad de Alepo en el corazón, sobrecogidos por la fe y la fuerza de esas gentes, que vimos en Mons. Antoine Chahda.

Esta fortaleza, si bien en última instancia es un don del Espíritu Santo, es algo que no se improvisa. Requiere del esfuerzo diario por hacer las cosas bien, conforme a esa grandeza de vida a la que somos llamados. Procurar levantarnos cada mañana con fuerza y una sonrisa, renovando las ganas de vivir cada día de la mejor forma que sabemos. Llegar al Colegio –o al trabajo, cada quién a su quehacer– con la determinación y la ilusión de trabajar a fondo; de poner la vida en juego en las cosas pequeñas y cotidianas; de ayudar al que está a mi lado a ser más plenamente persona. Llevar, de vuelta a casa, la paz y serenidad que resultan del trabajo bien hecho, en la conciencia de estar buscando agradar a Dios para ofrecerle el fruto de un día acabado a su servicio. Así se va forjando a diario la fortaleza en cada una de nuestras vidas.

En este sentido, y al mismo tiempo que vivimos así para nuestro provecho personal, procuramos ofrecer a nuestros alumnos e hijos este ejemplo de vida, para que se forje específicamente en cada uno de ellos su virtud de fortaleza. Educamos por ósmosis: la mejor arma pedagógica que tenemos es el influjo en ellos de nuestras propias vidas entregadas. Los profesores y quienes trabajamos en el Colegio ofrecemos a los alumnos nuestro saber hacer, sí, pero también les ofrecemos nuestras vidas vividas de la mejor forma que sabemos. Procuramos hacerlo siempre bien, pero a veces nos vemos caídos y necesitados de perdón, y también les mostramos la grandeza que se agranda dejando actuar a Dios en nuestra debilidad por medio del perdón.

En el inicio de este nuevo año, renovemos todos la conciencia sobre el valor de nuestras vidas entregadas a diario por nuestros alumnos e hijos, y vivamos con plenitud, desde esa responsabilidad. Así, ellos serán fuertes para enfrentarse a las contrariedades que les esperan en su devenir futuro y, en éstas, renovar la esperanza. Como hemos visto en el testimonio que han dado tantos niños perseguidos por su fe en Siria, que nos han mostrado la grandeza de las generaciones que les precedieron y formaron.

Os deseo a todos un muy feliz año 2019, lleno de las bendiciones que el Señor nos envía, por María, desde el Santuario.

Un abrazo,

Pablo Siegrist Ridruejo