Una educación que marca la diferencia

En el Colegio Nuestra Señora de Schoenstatt, buscamos ofrecer una educación completa, interdisciplinar y real. El modo de hacerlo se inserta en un modelo mixto- diferenciado, que queremos potenciar. Todos y cada uno de los pasos del proceso enseñanza-aprendizaje se pueden llevar a cabo de una manera más personal y aterrizada a la realidad dentro de este modelo.

Muchos estudios demuestran la eficacia de este sistema, en el que se potencian las características únicas de cada grupo-clase, se tiende a lo individual, y se motiva desde la esencia misma del ser del alumno. Nos apoyamos en evidencias pedagógicas de renombre, y en experiencias probadas, a la hora de potenciar lo mejor de cada sexo: no somos iguales, sino complementarios; igual de valiosos, pero con visiones intrínsecas diferentes. El padre Kentenich fue pionero en considerar el alma del varón y de la mujer desde un punto de vista de dignidad, magnanimidad y libertad. Orgullosos de un ideario desde el que dar espacio a cada alumno para desarrollar lo más propio de sus talentos, nuestro modelo mixto-diferenciado, refuerza el aprendizaje, no sólo de asignaturas fundamentales, sino de valores de convivencia y tolerancia, tan importantes en el mundo de hoy.

Nuestros alumnos crecen en un entorno académico centrado en el aprendizaje, en la excelencia diaria que mira hacia lo alto. De ahí que nos beneficie que las asignaturas troncales se impartan en grupos diferenciados. Motivamos, desde temas de su entorno cercano, mirando siempre a lo útil y divertido que resulta aprender. Sin embargo, sabemos lo importantes que son las actividades creativas, donde, por ejemplo, las actividades en grupos mixtos favorecen el trabajo en equipo.

El ocio y el tiempo libre son aspectos muy importantes en los que nuestros alumnos crecen en autonomía, sana autoestima, paciencia y (según se acercan a la adolescencia, con más razón) conocimiento del otro, para valorarlo. Consideramos fundamentales los momentos de descanso mixtos, los recreos de juegos compartidos, en los que se preparan amistades sólidas y, por supuesto, una sana mirada sobre el mundo real, que es mixto.

El acercamiento del alumno hacia el otro sexo se realiza así en un ambiente distendido, sin roles prefijados, y con mirada abierta hacia el otro. Esto sí es una educación que marca la diferencia.

 

Comisión de Innovación Pedagógica