Jubileo de oro del Santuario de Pozuelo : 50 años repartiendo gracias

Hace 50 años, aquí en nuestra tierra, un pequeño grupo de personas confió en María…

“Virgen de Schoenstatt hemos venido en esta tarde, para pedirte que te adueñes de esta tierra, que es tuya, que ha de convertirse en una tierra de milagros del corazón. ¡Virgen de Schoenstatt, ven! Toma en serio a quienes te rodeamos, toma en serio el ofrecimiento de nuestra oración y de nuestros sacrificios (…). Virgen de Schoenstatt, ven. Desciende a esta tierra española, protege a su gobierno, a su Iglesia y a su pueblo. Amén”. (Extracto de la oración con motivo de la bendición de la primera ermita en el terreno de Pozuelo, 1968).

Así le pidieron a María que se estableciera en el Santuario, que convirtiera ese pequeño lugar en un lugar de educación y de vínculos, un lugar desde el cual se transformara nuestra tierra. Pero le pusieron  una condición, como la que puso por primera vez el Padre Kentenich y los primeros Congregantes, en 1914, en el Santuario original: que no lo hiciera sola; que se hiciera dependiente de la entrega diaria de ellos.

Han pasado 50 años y somos testigos de que María se tomó en serio esta petición y esta entrega. ¡Cuántas gracias derramadas!

El Padre Kentenich expresa muy claramente el actuar de María en el Santuario: “Cuánto nos preocupa la educación de los hijos. ¿Y qué posibilidades tenemos nosotros, los padres, cuando los hijos ya no son tan pequeños? Podemos dar ejemplo, aconsejar…, pero seamos sinceros: aquí se agotan nuestros recursos. Y en esta situación se ofrece nuestra Madre y Reina como educadora. Nunca podremos valorar suficientemente la ayuda que nos brinda. ¿Pero qué digo: Ella ayuda? Ella es la que educa y nosotros los que podemos ayudarla un poco”.

Todos necesitamos un lugar en el que se nos acepte y quiera como somos; un lugar que nos haga experimentar que se nos necesita; un lugar en el que se nos conoce y que nos pertenece. Estos son los ingredientes educativos para formar personalidades que se saben seguras ante cualquier situación: son los tres regalos que María nos entrega en el Santuario.

Nosotros, como Colegio Nuestra Señora de Schoenstatt, hemos experimentado este actuar de María. Ella es la esencia, el gran tesoro de nuestra educación. En Ella confiamos, Ella nos ha demostrado que asume toda la responsabilidad y vence en todas las “batallas”.

Ella, como al inicio de nuestra historia de fe, nos ha entregado un pilar: el Santuario, en el que nos podemos aferrar y encontrar seguridad.

“Nuestro Santuario es la catedral del amor para el tiempo de hoy. En sus muros ha de quebrarse el dolor de la humanidad actual. En su interior habita el amor a Dios. En su paz se tranquiliza hasta el corazón más atormentado porque está con el Padre y con la Madre… Desde aquí ha de llegarle la verdad, la paz y el amor al mundo” (P. Kentenich).

Es real que desde este lugar ha llegado el amor a nuestro “mundo” personal, a nuestro Colegio. El Santuario nos ha hecho familia, es nuestro hogar, gesta una nueva cultura de arraigo, de pertenencia, de vínculos que siempre elevan y sacan lo mejor de cada uno. María silenciosamente nos va amando y transformando, va conquistando un pueblo, una ciudad, el mundo.

Cuánto le debemos como Colegio al Santuario. Quisiera compartir una redacción de uno de nuestros alumnos, Óscar Campillo, de 6º EP B. Con sus palabras podemos vislumbrar lo que nuestros alumnos reciben cada día de este lugar:

“El Santuario es un lugar de paz donde se puede rezar y hablar con Dios y la Virgen María, pedirle cosas y agradecerle cosas. El Santuario es un lugar que, aunque sea pequeño, está lleno de alegría y de confianza con Dios. María, en él, hace que el Santuario sea importante, María es lo importante del Santuario.

A mí el Santuario me sirve para hablar con Dios, para desahogarme, para agradecer y pedir cosas. ¡Yo por el Santuario haría lo que fuera!

Yo creo que es importante que haya santuarios por el mundo porque cada persona necesita un lugar donde pedir ayuda y donde agradecer cosas y una persona en quien confiar, que es la Virgen María, que es quien vive allí.”

Os invitamos a agradecer a la Santísima Virgen todos los dones con los que nos ha colmado y todos los que nos dará.

Ella nos espera en su celebración jubilar el sábado 19 de octubre, en la Santa Misa con el Cardenal Mons. Don Carlos Osoro, a las 12.00 h. Después podemos comer todos juntos y participar en la tarde de actividades con las que podemos profundizar en la historia y en la acción de María en nuestro Santuario. Además, tenemos el gran regalo de la indulgencia plenaria en los días 18, 19 y 20 de octubre.

Dios abre el Cielo para cada uno de nosotros. Nuestra Madre nos espera.

 

Hna. María Crevillén

Jefa de Formación