¡ Feliz Año Nuevo!

Queridas familias:

¡Feliz año nuevo! Como siempre en enero, el comienzo de un nuevo año nos presenta la oportunidad de repensar lo que somos, nuestra misión en el mundo y cómo abordarla. Es parecido a un nuevo “volver a empezar”, donde muchos se llenan de propósitos que a menudo no tienen en cuenta sus circunstancias personales ni, quizá, tengan mayor interés en cumplirlos.

Nosotros, sin embargo, sabemos que tenemos en quién confiar: nuestro Padre, Dios. Él nos da siempre oportunidades de recomenzar, cada vez que suplicamos su gracia. Por eso, aunque al empezar un nuevo año las circunstancias a nuestro alrededor puedan presentarse adversas o generar incertidumbre (en lo político, en lo social, en lo económico; es posible que también en la familia y su entorno), tomamos su mano a través de María y le pedimos que siembre otra vez en nosotros la confianza de hijos que saben que su Padre no va a abandonarlos.

Porque, más allá de la propia experiencia personal de cada uno –donde, seguro, si buscamos, encontramos suficientes razones para confiar en la mano providente de Dios que nos ha ido guiando–, la experiencia compartida como Colegio pone ante nosotros la evidencia de que esto es, efectivamente, así. Hemos comprobado que los momentos de crisis y de cruz, vividos desde el Santuario, agarrados a nuestra Madre María, son ocasiones de crecimiento y maduración para alcanzar una mayor plenitud. Desde la vida del Colegio, podemos decir con contundencia que conocemos en quién hemos puesto nuestra confianza.

Nuestro Santuario es el lugar en el que Dios ha querido manifestar su poder para nosotros, y así, en él, la alianza de amor que tantos han sellado con María da unos frutos de gracias especialmente valiosos para nuestra comunidad educativa. Sabemos que hay lugares marcados en los que Dios manifiesta sus glorias de forma particularmente intensa, porque quiere y sabe que eso es bueno para nosotros. El P. Kentenich lo explica tomando como ejemplo el sol “que resplandece sobre la faz del orbe” y en todos sitios “es el mismo, pero sus rayos despliegan en determinadas zonas una acción particular”: son los lugares de cura.

De la confianza de saber que pertenecemos a este Santuario y que en él nos recoge nuestra Madre para guiarnos hasta el Cielo, a cada uno de nosotros y de nuestros alumnos, nace la esperanza que ilumina nuestro futuro, sean cuales sean las circunstancias que nos afecten ahora. Jesús, la Palabra eterna del Padre, que se ha encarnado y ha dado su sangre por nosotros, ha pagado un precio demasiado caro como para abandonarnos a nuestra suerte en el camino de la vida. Nos ha dejado en manos de María, quien nos acompaña con su presencia en el Santuario y en el Colegio. Ella ha aceptado reinar sobre nosotros y, como saben nuestros alumnos, Ella nunca abandona a los de su Reino. Ahora es la hora de nuestro amor, que nos impulsa a entregarnos confiados a su cuidado maternal.

Al empezar el nuevo año, en el Colegio abordamos nuestra presencia en el mundo y nuestra misión como comunidad educativa desde esta confianza. Estamos alegres porque podemos estarlo, porque nos acompaña la Reina del Colegio, a quien el Padre Dios ha entregado la corona de Reina de la Creación. Así, afrontamos este año con la alegría profunda de quien confía y espera todo de su Padre. Por eso, decimos con fuerza: ¡Feliz año nuevo para todos!

Un abrazo,

Pablo Siegrist Ridruejo

Director