Una corriente de capital de gracias

Queridas familias:

El mes pasado, reflexionábamos en el Colegio sobre la necesidad de vivir siempre con la conciencia de la dignidad que nos corresponde por ser personas y, aún más, como hijos de Dios. Que cada uno de nosotros, educadores y padres, seamos conscientes de esa dignidad y vivamos de forma coherente con ella se ha convertido en una urgencia hoy, en un momento en el que nuestros hijos y alumnos nos ven afrontar una crisis insólita por la que nunca antes habíamos pasado y nos tienen 24 horas al día a su lado.

Las circunstancias que atravesamos no cambian la realidad de las cosas. Sí, sabemos que somos pequeños y vulnerables –tanto, que un ser diminuto, casi invisible, puede acabar con nuestra forma de vida y modificar todas nuestras costumbres–. Sin embargo, al reconocer esta pequeñez no perdemos esa dignidad: al contrario, como hijos que somos podemos abrirnos a lo más grande, a la presencia de nuestro Padre Dios en el día a día, dejándole obrar los milagros de amor que tiene pensados para nosotros.

En nuestro Colegio, gracias a Dios, sabemos mucho de esto. Hemos vivido otras veces circunstancias que nos han obligado a reconocer esa pequeñez y a dejarnos guiar por la Providencia, a la vez que procurábamos dar lo mejor de nosotros mismos. Escribo “gracias a Dios” a conciencia, porque reconocer nuestra pobreza, como niños, nos permite abrirnos a la acción del Padre. Nuestro Padre del Cielo es todopoderoso, no lo olvidemos, y cuando lo dejamos todo en sus manos nos regala ese poder de su amor que es inacabable y todo lo puede. Así, como recordaba el padre Kentenich, al reconocer nuestra impotencia, Dios nos hace poderosos, actuando Él con su omnipotencia.

Esto es lo que toca, de nuevo, vivir estos días, teniendo presente que en esta pequeñez Dios sigue entregándonos nuestra dignidad de hijos. No sólo eso: desde nuestro Santuario, las Hermanas de María nos acercan cada tarde por videoconferencia las gracias que Dios da a los que van allí por mediación de nuestra Madre. En el día a día, normalmente, pensamos más en las gracias de cobijamiento y transformación interior que, efectivamente, venimos recibiendo tanto tiempo. Ahora podemos vivir con intensidad la gracia del envío: la Reina del Colegio nos ha enviado a cada uno a casa con la misión de llevar allí el clima y la atmósfera del Santuario. Ella no nos ha dejado solos: sigue reinando en el Colegio (aunque estemos deslocalizados), como le pedimos el curso pasado en la renovación del acto de Coronación. Con este envío nos atrae la fuerza de Dios para cumplir la misión que toca ahora: la de ser santos, amigos fieles de Jesús, en el día a día de casa y del teletrabajo.

Los alumnos del Colegio han revivido esto antes de partir hacia sus casas en esta nueva misión. El último día de clase, antes de cerrar el centro por la amenaza del coronavirus, nos reunimos todos juntos en el Santuario para pedir el favor de nuestra Reina y recordarle con fuerza que aquí estamos, necesitándola, los que somos de su Reino. Y es que ellos saben que María no abandona a los de su Reino: por eso, se sienten seguros; saben que son apóstoles de Schoenstatt y que eso no es cualquier cosa. Padres, recordádselo con frecuencia, para que no lo olviden. Al contrario: que, con ellos, entre todos, contribuyamos a crear una gran corriente de capital de gracias desde el Santuario de María, ofreciendo cada pequeño sacrificio que nos impone esta nueva forma de vida, para llevar su poder sanador al mundo y cambiar esta situación de crisis en una ocasión de crecimiento en la fe, en la esperanza y en la caridad para nuestro mundo necesitado de la alegría del Cielo.

La Reina que nos ha regalado Dios Padre es la gran intercesora por cada uno de nosotros y de nuestros alumnos ante su Trono. No nos olvida a ninguno; a todos nos sostiene. Por favor, agarraos a Ella con fuerza en estos momentos de prueba: la Reina está llamada a vencer y vencerá en cada una nuestras casas para bien de nosotros, de todos sus hijos.

Un fuerte abrazo,

 

Pablo Siegrist Ridruejo

Director