Dos testimonios desde Educación Infantil y Primaria

2.1. Una Gran Familia

Ya hace más de dos meses que comenzamos a vivir esta nueva situación en la que, desde casa, tuvimos que cambiar nuestras vidas y enfrentarnos a una aventura llena de incertidumbres, miedos y sorpresas.

Ha sido muy complicado y todos hemos hecho un gran esfuerzo. Supongo que todos os sentiréis identificados con esto. Estar de repente encerrados en casa, sin poder salir, tele trabajando, ocupándonos de nuestros hogares, hijos, sus deberes, utilizando las nuevas tecnologías… y todo junto, todo revuelto, todo a la vez, con más estrés que nunca. Además, con la gran preocupación por el estado de salud de muchos amigos y familiares. Una locura.

En el seguimiento telefónico, que hemos mantenido semanalmente con vosotros, nos habéis ido contando muchas batallas diarias, alegrías y penas, con las que tantísimo nos hemos identificado. Hasta nos decíais algunos: “ésta es la llamada para hacernos una terapia semanal”.

Hemos ido caminando juntos, cogidos de la mano, Colegio y familias, saltando los obstáculos que nos íbamos encontrando a diario.

Un recorrido en el que aprendes a valorar todo lo positivo que tenemos en nuestras vidas; a apreciar cosas que hasta ahora te parecían insignificantes; a ensalzar momentos que, por suerte o por desgracia, te enseña la nueva situación.

Destaco muchos momentos de esta etapa. Esa primera vez que, después de tres semanas, vimos a los niños mediante una reunión con zoom. ¡Qué gran alegría! Los encontramos muy cambiados físicamente, más mayores. Cuando les preguntábamos qué tal estaban, qué habían hecho tantos días,  ellos, inocentes, nos contestaban: “este fin de semana he estado en casa…”, siguiendo la rutina de la asamblea de los lunes, en la que nos cuentan el fin de semana.

Tantos momentos que hemos compartiendo en las clases online, haciendo las fiestas del Día de la Madre, San Isidro, la magia… bailando y divirtiéndonos juntos como si estuviéramos en el Colegio. En esos momentos, te das cuenta del gran vínculo que tienes con tus alumnos, y ellos contigo. La alegría que te aporta verlos y saber de ellos. Todos quieren hablarte, contarte cosas, y valoran cada palabra que dices, cada acto, cada gesto…

Como nos sorprenden y enseñan los niños… ¡es increíble la capacidad de adaptación que tienen a las nuevas situaciones!

Los profesores, en un principio teníamos muchas incertidumbres a la hora de adaptar nuestra pedagogía de Schoenstatt a la nueva “vida online”. Pero, asombrosamente, nuestras expectativas se han visto más que superadas. ¿Cómo es posible que niños de tres, cuatro y cinco años puedan estar atentos en las clases online, lleven a cabo las actividades en el momento, estén motivados con los juegos que proponemos, lean y hagan trazos, sumen, resten y participen de manera tan activa como lo hacen?

¿Y los niños de 1 y 2 años? ¿Cómo pueden estar interesados cada semana en ver a su profesora y a los otros niños de su clase?

Por supuesto, todo esto ha sido posible gracias a todos vosotros, las familias que formáis la etapa de Educación Infantil, que habéis jugado un papel fundamental.

Sabemos que en Educación Infantil, los niños son muy pequeños y por ello son totalmente dependientes de vosotros. Sin vuestra ayuda no lo habríamos logrado: por eso, desde aquí, quiero agradeceros de parte de todo el profesorado que formamos el equipo de Educación Infantil vuestra gran ayuda, entrega y dedicación.

Gracias por ayudarnos a preparar las clases cada semana; por estar pendientes de los niños en las sesiones online; por tener siempre los materiales preparados que necesitamos; por trabajar con nosotros codo con codo. GRACIAS DE VERDAD.

Por otro lado, también me gustaría valorar y ensalzar el trabajo de todas nuestras profesoras, que preparan todo con tanto cariño para vuestros hijos, nuestros alumnos.

ENTRE TODOS FORMAMOS UN GRAN EQUIPO, UN TODO, lo que es el Colegio Nuestra Señora de Schoenstatt: UNA GRAN FAMILIA.

 

Paula López

Jefa de Estudios de Educación Infantil

 

2.2. Un regalo cada día

Seguramente, cuando todo esto haya pasado, podremos mirar atrás desde otra perspectiva y pararnos a pensar en aquellas cosas buenas que nos ha regalado este confinamiento.

Pero yo tengo la gran suerte de no tener que esperar a que eso pase, porque cada día tengo un regalo que me recuerda por qué elegí, desde bien pequeñita, ser maestra. Ese regalo, sin lugar a duda, son mis alumnas.

Todos estamos de acuerdo en que los niños nunca dejan de sorprendernos, pero en esta situación que estamos viviendo (en plena pandemia mundial, en la que ni ellos llegan a entender qué es lo que les impide desarrollar su vida como antes la estaban viviendo) lo hacen aún más.

Cada mañana, a través de una pequeña pantalla, desempeño mi vocación en este gran Colegio, donde mis 15 alumnas me reciben con una gran sonrisa deseando aprender algo nuevo y contarme todo lo que han hecho. Y es que, en este caso, las que ejercen de profesoras, sin saberlo, son ellas. Ellas, que me enseñan cada día que son capaces de adaptarse a cada circunstancia nueva sin quejarse, que se muestran más motivadas que nunca y que siguen, pese al cansancio acumulado, rindiendo incluso más que el primer día de clase.

Gracias a ellas, este confinamiento está siendo menos duro, y es que, aun desde la distancia, que la tecnología lamentablemente no puede acortar, los profesores no somos nada sin nuestros alumnos.

Durante todo este tiempo excepcional, en el que todos nos hemos visto obligados a  adaptarnos a una nueva realidad educativa, he tratado cada día de sacar lo mejor de cada alumna, adaptando la metodología de Schoenstatt al nuevo escenario virtual, con el propósito de mantener viva su curiosidad, su motivación y su afán por aprender. Ellas, a cambio, me han dado TODO.

 

Alicia Cabezas

Tutora de 1º de Educación Primaria