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Y, con todo, ¡ feliz Navidad!


Llegamos al final de este año insólito, distinto a todos los demás, en el que la vida nos ha situado ante retos que parecían imposibles, que hemos ido afrontando poco a poco, como hemos sabido. Hemos buscado las luces que se han ido intuyendo en los pequeños huecos por los que pensamos que se abrirá la nueva puerta que nos ofrece el Padre Dios para seguir creciendo, de camino hacia el Cielo. Fuera, oímos a algunos desear que acabe pronto, que se vaya lejos este año fatídico, como si lo que viniese después no tuviera nada que ver con lo que dejamos atrás; otros, aprovechan los miedos e incertidumbres que inundan nuestra vida social para tramitar leyes inicuas que quieren cambiar siglos de tradición y de respeto a lo más sagrado de la persona: su vida y su dignidad. Acaba el año, así, entre noticias sobre positivos Covid, comensales posibles para las celebraciones navideñas y debates sobre leyes sorprendentes que nunca hubiéramos pensado que definirían el marco para vivir –o morir–, en esta España de hoy.

Éste es el contexto en el que hemos de hacer balance sobre lo que hemos vivido y cómo lo hemos hecho, durante este 2020. No siempre nos ha salido bien, es cierto, y, a veces, el miedo o la sorpresa han podido con nosotros. Pero también hemos crecido, hemos descubierto que podemos apoyarnos unos en otros desde la confianza mutua; nos hemos animado a decidir con audacia, escuchando las voces que traen los ecos del Corazón de Dios y apostando firmemente por Él. Nuestros alumnos han sido para todos, en este sentido, un ejemplo de valentía, alegría y compromiso, cumpliendo fielmente las exigencias impuestas por la crisis sanitaria desde el sentido del cuidado de los compañeros, a pesar de los esfuerzos.

En suma, hemos aprendido mucho y Dios se nos ha derramado. De hecho, en las horas más oscuras de este año lleno de incertidumbres, pudimos descubrir la presencia poderosa de María desde el Santuario y reunirnos, virtual y espiritualmente, en torno a Ella, gracias a la mediación de las Hermanas de María. De este modo, este año insólito, increíblemente, nos ha traído el regalo del Santuario Colegio, lleno de su presencia maternal, para el bien de todos nosotros y, más aún, para cada uno de nuestros alumnos.

Hoy, llegamos al final del año y, con él, a la Navidad. Nacerá Cristo entre nosotros, porque Él siempre cumple su Palabra, pase lo que pase; y podremos llevarlo al mundo. Lo hemos vivido cada día a lo largo de este año complejo. Nos regala la misión de encender con su luz la oscuridad de nuestro tiempo y dar la seguridad que recibimos de su amor a todos los inseguros. Podremos contagiarnos, quizá, por virus o enfermedades, pero el miedo no podrá con nosotros pues poseemos la certeza del Amor de Dios, que nos cuida cada instante y a cuya mirada nada escapa. Somos sus hijos y nunca nos dejará de su mano.

Por eso, afrontamos el balance del final del año con los corazones llenos de agradecimiento. Nos sabemos afortunados porque Dios ha derramado tantas gracias en nosotros a través de este Santuario Colegio. Queremos corresponder a esta entrega dándole nuestra pequeñez para que obre lo que quiera por nosotros: es nuestro capital de gracias. Y vivimos estos días centrados sólo en Él, que se hace todo para nosotros, y con el padre Kentenich le pedimos: “Ayúdanos, Padre, a cerrar las puertas de los sentidos, que una luz clara penetre nuestras almas, iluminándonos por el cálido brillo de la fe. Adéntranos profundamente en el misterio de la Redención”.

¡Que disfrutéis de una muy feliz Navidad!

Un fuerte abrazo,

 

Pablo Siegrist Ridruejo

Director