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Elegimos darlo todo


Queridas familias:

Hoy, que acaba este curso marcado por el impacto imprevisto de la pandemia en nuestras vidas, hemos de mirar atrás para comprobar si, efectivamente, Dios ha seguido cuidándonos como Padre bondadoso y se han cumplido los objetivos que nos marcamos al comienzo del año.

Como Colegio, este curso 2019/2020 nos propusimos conquistar la confianza en nuestra Reina, para dejar que fuera Ella quien guiara nuestra conducción. Y la vida, de la mano del antiguo schoenstattiano Hans Wormer, nos puso delante la frase que marcó el camino para conseguirlo: “¡O todo, o nada!”.

Comenzamos el curso con la visita de la imagen de María desde el Santuario, que estaba aún en obras para preparar su Jubileo. Es algo que pudimos vivir sólo los profesores y el personal del Centro, pues aún no habían llegado los alumnos, pero lo compartimos con vosotros porque fue un signo claro de lo que vino después: un año marcado por su presencia real y constante, actuando entre nosotros. De hecho, al comenzar la actividad lectiva descubristeis y nos transmitisteis cuánto había calado entre nosotros esa presencia: todos nuestros esfuerzos por conquistar el clima de alegría en el curso pasado abrieron el Cielo, que derramó esa alegría que nace de la unidad por la misión en todo el equipo.

En la cena benéfica que organizamos el 20 de septiembre se vivió este clima, también, con vosotros, las familias del Colegio. La confianza nos llevó a responder con noble soltura a las dificultades y disfrutar, así, del ambiente que tenemos, como regalo y contribución de todos, en el Colegio. De hecho, aunque rezamos y confiamos para que no lloviera, diluvió; pero, en esa confianza, pudimos darlo todo, y resultó bien; y disfrutamos una vivencia maravillosa, llena de alegría. Una experiencia que todos coincidimos en que deberá convertirse en tradición para el Colegio.

Con el Jubileo de Oro del Santuario, nuestro clima propició experiencias muy enriquecedoras que nos han calado a todos. Durante el ensayo de la fiesta, en torno al Santuario, hicimos tangible nuestro compromiso de protegerlo con nuestra vida diaria: lo rodeamos, desde los más pequeños a los mayores, cantando como apóstoles de Schoenstatt, disfrutando de ser, todos juntos, este Colegio. En la propia fiesta, sin embargo, no pudimos rodear el Santuario por la lluvia: de nuevo, las dificultades sacaron lo mejor de cada uno y permitieron la expresión de la fuerza que tenemos juntos como Colegio. Recordamos nuestra historia común, aportando capital de gracias, y con el canto se generó una atmósfera que irradiaba la gran fuerza del Colegio. De nuevo, elegimos darlo todo.

En el festival de Navidad, la atmósfera de calidez y de oración, entre bailes, diálogos y cantos, movilizó a todo el Colegio. Alumnos y profesores se entregaron por entero y nos hicieron vivir una experiencia fuerte de Navidad, de salvación de Dios, marcada por la interpretación magnífica de nuestro nuevo Coro. Tocados por esta vivencia, en la misa de año nuevo cada uno recibimos de nuestro capellán, don Borja Hernando, la protección y el referente de un santo, con una misión. Bajo su protección, cada uno ha seguido entregándose a esa misión en 2020.

Esta entrega os la mostramos a las familias en la reunión que celebramos en febrero sobre “El día a día en el aula”. Todos los departamentos del Colegio quisieron hacer su contribución para que pudierais ver cómo crecen vuestros hijos en todas las áreas de su personalidad. El mismo mes, aportamos nuestra oración y entrega uniéndonos en oración, por la paz en el mundo, en unión con el Santuario de Fátima, en la celebración del centenario de santa Jacinta Marto. Todo el Colegio, desde los alumnos de 1 año hasta las de 14, fue un solo corazón en adoración a Jesús, con naturalidad y profundidad: fue precioso usar tantos lenguajes, con la originalidad de las edades, y terminar recibiendo tan de cerca y hacia todos, la bendición con la Custodia.

Y, a partir de marzo, el confinamiento debido a la pandemia de coronavirus ha sacado de todos lo mejor. Hemos crecido en la adversidad, continuando con la formación de todos los alumnos; hemos vuelto a coronar a María y a consagrarnos al Sagrado Corazón de Jesús; nos hemos unido a toda la Familia de Schoenstatt y a la Iglesia en comunidad de oración y entrega por los que más están sufriendo; nos hemos sostenido los unos a los otros. También continuamos con las obras del nuevo pabellón para la E.S.O. y Bachillerato, a pesar de los contratiempos y los parones, y hemos aportado, como cimiento de la nueva construcción, una pieza del fundamento del Santuario original de Schoenstatt y mucho capital de gracias.

Las familias, además, habéis demostrado la grandeza del Colegio para vosotros, confirmándonos que vivimos en un Santuario Colegio. En vuestros correos electrónicos y en vuestras flores a María durante todo el mes de mayo, nos hemos encontrado con el reconocimiento de la misión espiritual del Colegio vinculado al Santuario para vosotros y vuestros hijos. Nos confirmáis en nuestra misión evangelizadora y de ahí sacamos fuerzas para una entrega mayor, cada día. De nuevo, elegimos darlo todo, hasta el final.

Por todo esto, y mucho más que no cabe en estas líneas, es de justicia mirar atrás y reconocer la mano bondadosa y providente de nuestro Padre Dios, que no nos ha dejado a la deriva ni un momento. Este curso nos ha permitido vivir una fe práctica y real en su actuar como Padre en nuestras vidas, en su Divina Providencia, y hemos visto cómo Él, generosamente, ha derramado su gracia. Así, se han hecho transparentes todas las cosas y hemos comprobado que nuestro Colegio se ha convertido, verdaderamente, en un Santuario Colegio: un lugar hermoso donde corazones grandes, en pechos de niños pequeños, de adolescentes o de adultos, conquistan las metas más altas por amor a María y asumen su misión de cada día con sencillez y confianza, anclados en ese amor. Un lugar, también, donde María ha respondido instalándose como Madre, Educadora y Reina, regalando a nuestro mundo herido y asustado la seguridad de su presencia maternal y la alegría.

Gracias, Padre Dios, por este año lleno de tus bendiciones. Gracias porque, en las dificultades, nos has regalado la victoria de nuestra Madre y Reina en el Colegio. Hoy, con orgullo, podemos reconocer a María como la Madre, Reina y Victoriosa tres veces admirable del Colegio Nuestra Señora de Schoenstatt.

Un fuerte abrazo,

 

Pablo Siegrist Ridruejo

Director

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