La convivencia de cuarto de la ESO fue una experiencia muy especial que vivimos durante unos días en un lugar bastante diferente a lo que estamos acostumbrados: un espacio que combina colegio, centro de día y residencia para personas con discapacidad. Desde que llegamos, sabíamos que no iba a ser algo cualquiera.
Al principio todo se sentía nuevo: el ambiente, las personas, la forma en que se organizaban las actividades. Poco a poco nos fuimos metiendo en su rutina, participando en talleres, acompañándolos y, sobre todo, pasando tiempo con ellos. Lo que al inicio parecía algo desconocido, terminó volviéndose cercano y muy significativo.
La verdad es que esta experiencia nos dejó mucho más de lo que esperábamos. Nos hizo valorar cosas que normalmente damos por hecho, nos enseñó a tener más paciencia y a ver a los demás con más empatía. Íbamos con la idea de aportar algo, pero al final sentimos que recibimos mucho más: sonrisas reales, cariño sin condiciones y lecciones de vida que se te quedan.
También nos ayudó a unirnos más como grupo. Al salir de nuestra rutina, pudimos conocernos mejor, compartir lo que sentíamos y apoyarnos entre nosotros. Además, desde la fe, todo cobró un sentido más profundo, lo que hizo que la experiencia fuera aún más especial.
En pocas palabras, no fue solo una actividad más. Fue algo que realmente nos marcó. Nos llevamos recuerdos, aprendizajes y, sobre todo, una forma distinta de ver la vida que seguro no vamos a olvidar.
Alicia del Riego
Alumna de 4.º de la ESO A





