“Cada día respiramos entre cien y mil esporas sin ser conscientes de ello”. Esta afirmación, tan sencilla como sorprendente, ha sido el punto de partida de una auténtica aventura científica para los alumnos de primer año del Programa del Diploma del Bachillerato Internacional.
Desde el mes de abril, todos los alumnos de DP1 han participado en el Proyecto Europeo de Vigilancia de Aspergillus fumigatus y Resistencia Antifúngica coordinado por el Instituto de Salud Carlos III, al que queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento y, de manera muy especial, a la Dra. Ana Alastruey Izquierdo y su equipo, Laura Alguacil y Víctor Arribas, por acercar esta investigación de vanguardia a nuestros estudiantes y hacerles partícipes de un problema científico y sanitario de enorme relevancia.
La investigación se centra en el estudio de la dispersión ambiental de las esporas de Aspergillus fumigatus, un hongo microscópico cuya resistencia a determinados antifúngicos constituye un creciente desafío para la salud pública. Con preguntas como ¿de qué depende la presencia de estas esporas en el ambiente?, ¿influyen las condiciones del entorno?, ¿podemos contribuir desde el colegio al conocimiento de un problema real que afecta a la sociedad? A través de la colocación de trampas de muestreo, el análisis de variables ambientales y la interpretación de los resultados, nuestros alumnos se han convertido en auténticos investigadores. Además, los alumnos de Biología han disfrutado trabajando directamente en el laboratorio de microbiología del Instituto de Salud Carlos III, viviendo en primera persona la exigencia, el rigor y la pasión que caracterizan la labor científica.
Esta experiencia refleja de manera extraordinaria nuestro Ideario. En él afirmamos que “el conocimiento es el resultado de un proceso de búsqueda de la verdad, que comienza con el asombro”. Precisamente eso es lo que ha sucedido. Una pregunta nacida de la curiosidad “¿qué respiramos cada día?” ha despertado el deseo de conocer, ha impulsado la indagación y ha llevado a nuestros alumnos al encuentro con una realidad local de relevancia internacional.
El proyecto también ha permitido vivir de forma natural las distintas fases de nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje: la motivación ante un problema real, la indagación a través del diseño experimental, la formulación de hipótesis y conclusiones, y la aplicación del conocimiento interdisciplinar al servicio de una investigación con impacto social. La ciencia ha dejado de ser algo que se estudia para convertirse en algo que se vive.
Asimismo, esta iniciativa encarna uno de los grandes objetivos de nuestro Bachillerato: “alimentar el deseo por conocer y fortalecer el desempeño académico a través del impulso de la investigación científica”. Al participar en un proyecto de investigación real, nuestros alumnos han desarrollado el pensamiento crítico, el rigor académico y la capacidad de reflexionar sobre las necesidades de nuestro tiempo, comprendiendo que el conocimiento encuentra su plenitud cuando se pone al servicio de los demás.
Por ello, esta experiencia ha sido también una magnífica concreción del Perfil de la Comunidad de Aprendizaje del IB. Nuestros alumnos son: Indagadores, al plantear preguntas y diseñar investigaciones. Pensadores, al analizar datos y extraer conclusiones fundamentadas. Informados e instruidos, al profundizar en microbiología y salud ambiental. Buenos comunicadores, al compartir procedimientos y resultados. De mentalidad abierta, al colaborar en un proyecto internacional. Íntegros, al trabajar con rigor y honestidad académica. Solidarios, al comprender que la investigación científica puede mejorar la vida de las personas. Audaces, al enfrentarse a retos propios de la investigación real. Reflexivos, al evaluar continuamente sus decisiones y aprendizajes. Equilibrados, al integrar conocimiento, trabajo en equipo y compromiso social.
En nuestro colegio entendemos la excelencia como algo que va mucho más allá del éxito académico. Educar en la excelencia es ayudar a cada alumno a descubrir sus talentos y ponerlos al servicio de una misión, ejemplo de ello es Gonzalo San Miguel que está ya planificando la empresa de investigación que quiere crear con compañeros para poder curar enfermedades como el cáncer. Este proyecto ha permitido precisamente eso: que nuestros jóvenes experimenten que la ciencia puede ser un camino de servicio, de encuentro con la verdad y de compromiso con el mundo que les rodea.
Los resultados de esta investigación serán presentados durante la Semana de la Ciencia del próximo curso. Será una nueva oportunidad para celebrar que educar es despertar el asombro, abrir horizontes y formar personas capaces de transformar la realidad con inteligencia, responsabilidad y esperanza.
María de la Concepción Martín Robles
Programa del Diploma IB, MAE NS y Física NS y NM.
Jefatura del departamento de Ciencias


