Newsletter

La ciencia se disfruta desde pequeños


Desde el Departamento de Ciencias, trabajamos para acercar el fascinante mundo de la ciencia a todos nuestros alumnos, prestando especial atención a los más pequeños. En esta ocasión, la clase de 5 años de la Srta. Paula tuvo la oportunidad de vivir una experiencia única, aprovechando la riqueza de nuestra comunidad de aprendizaje en el colegio.

Para los niños, fue toda una aventura entrar en los laboratorios “de los mayores”, donde el instrumental es delicado y se manipulan sustancias que requieren cuidado. Allí, una de nuestras alumnas de Biología del Programa del Diploma del IB guió a los niños en el uso del microscopio y les enseñó cómo se observa el mundo cuando lo ampliamos, despertando su curiosidad por lo que no se ve a simple vista. 

Además, los padres de una alumna de la clase de 5 años, nuestra querida Ana (profesora de Secundaria y Bachillerato) y su marido Ignacio, hicieron que los experimentos cobraran vida con su experiencia y entusiasmo, despertando aún más la fascinación por la ciencia.

Con la pregunta “¿Te has hecho alguna vez una herida?”, Inés Greene (2.° año del Programa del Diploma del IB) captó la atención de los alumnos. Fue emocionante ver cómo los niños hacían conexiones personales al pensar en su propia sangre. En un microscopio había una muestra de glóbulos rojos, y entre risas, los pequeños aprendieron a guiñar un ojo para mirar a través del microscopio ¡Qué bonito fue verles desarrollar esa habilidad! Al observar los diminutos puntos morados, se asombraron al concluir que la unión de muchos de ellos, gracias al pigmento de la hemoglobina, le da a la sangre su característico color rojo. Inés se asombró de que una niña de 5 años supiera lo que era un microscopio y que la sangre tenía plaquetas.

Como nos enseñó el Padre Kentenich, aprender es también un acto de amor y cercanía. La educación se da en un clima de cuidado, respeto y confianza, y no se trata solo de llenar la mente, sino de formar a la persona completa. El aprendizaje se potencia cuando existen relaciones de apoyo y ejemplos vivos, y cuando el niño se siente seguro para explorar, equivocarse y descubrir, sabiendo que hay alguien que lo guía con afecto. Con esta actividad, en nuestro colegio, pudimos vivir este espíritu de manera muy real y cercana.

Queremos dar las gracias a la Srta. Paula por su iniciativa y apoyo; a Inés por compartir sus conocimientos y mostrar tanto cariño y dedicación hacia los más pequeños; a la Srta. María y a la Srta. Lydia por dejarnos los instrumentos y materiales preparados; a Ana e Ignacio por convertir esta actividad en un momento tan especial y divertido para los niños; y, por supuesto, a las señoras de la limpieza, por dejarnos los laboratorios impecables y listos para recibir a nuestros pequeños investigadores.                                            

María de la Concepción Martín Robles

Jefa del Departamento de Ciencias

 

Cuando Paula, tutora de nuestra hija de 3.º de Infantil, propuso que los padres que quisiéramos fuéramos a hacer un experimento con los niños, aprovechando que en clase estaban trabajando los experimentos y los inventos, no imaginábamos que acabaríamos viviendo una mañana tan especial, acercando a nuestra hija y a todos sus amigos al mundo de la ciencia.

Lo que en principio iba a ser una actividad en su aula, terminó convirtiéndose en una experiencia aún más especial: los niños se trasladaron a los laboratorios de Física, Química y Biología del edificio de Secundaria. Solo entrar ya fue toda una experiencia para ellos: las mesas altas, el material de laboratorio, las probetas, las batas… Todo contribuía a que se sintieran auténticos científicos.

Allí realizamos dos experimentos relacionados con reacciones ácido-base. En el primero utilizamos reactivos de laboratorio: ácido oxálico e hidróxido de sodio, junto con fenolftaleína como indicador. Pudieron observar cómo una disolución inicialmente incolora cambiaba a rosa al añadir la base, entendiendo que el color nos estaba “diciendo” que algo había cambiado. Nuestro indicador era nuestro “detective”, el que nos mostraba que cada sustancia actuaba de manera diferente, aunque a simple vista parecieran iguales.

Después quisimos acercar el mismo concepto a su vida cotidiana. Hicimos un segundo experimento ácido-base utilizando un indicador natural: agua de cocer lombarda. Al añadir vinagre (ácido), el líquido morado se volvía rosa, y al añadir una disolución de bicarbonato en agua (base), cambiaba a azul. Para ellos fue sorprendente descubrir que la misma idea científica que habíamos visto con sustancias de laboratorio también podía ocurrir con ingredientes que pueden encontrar en sus casas. Y, como anécdota divertida, muchos descubrieron una verdura nueva: la lombarda.

En el laboratorio de Física, aprovechamos para mostrarles también cómo funciona un imán. Pudieron observar cómo se comportaban las limaduras de hierro al colocar un imán debajo de la bandeja, descubriendo que no se movían al azar, sino que seguían unas líneas invisibles que forman el campo magnético. También vimos el funcionamiento de una brújula y cómo siempre busca la misma dirección, para ayudarles cuando se encuentren perdidos.

Más allá de los colores y la sorpresa, lo más bonito fue ver cómo observaban, formulaban hipótesis y esperaban atentos el resultado. La ciencia, en ese momento, no era algo abstracto, sino una experiencia vivida con curiosidad y asombro.

Como padres, fue un privilegio poder compartir con ellos esta experiencia y comprobar que la curiosidad científica empieza, simplemente, con una pregunta, un experimento… y unos ojos dispuestos a descubrir.

Ana Corsini

Madre del cole y profesora de ESO e IB

Ines Green Sierra, alumna de Bachillerato Internacional, mientra explica a los alumnos de 3.º de Infantil

Ignacio Diez Duralde haciendo experimentos