La IA: un panorama de claroscuros.


La inteligencia artificial nos ha abierto a una infinitud de posibilidades en muchos campos de nuestra vida, lo que transforma no sólo cómo trabajamos o nuestra forma de aprender, sino también el modo de comprendernos a nosotros mismos o la manera de relacionarnos. 

Una encuesta realizada por Fundación Cotec a más de 7.000 personas en España sobre la percepción social de la innovación educativa, nos muestra que el 61,5% de la población considera que los profesores no están suficientemente formados para el uso didáctico de la IA. Y más del 60% de los profesionales del sector y las familias consideran que la IA está teniendo un impacto negativo sobre los procesos cognitivos y las habilidades de lectoescritura de los niños y jóvenes. 

Estos datos describen un panorama de claroscuros, repleto de preguntas que son al mismo tiempo inabarcables e inevitables para quienes tenemos la suerte y responsabilidad de educar personas.

¿Qué actitud adoptamos como Colegio ante este panorama?

En este contexto, los docentes del Colegio Nuestra Señora de Schoenstatt nos hemos embarcado en un viaje formativo para adentrarnos a comprender mejor el desafío de la inteligencia artificial. Durante un mes hemos asistido a distintas charlas y a una mesa redonda con especialistas en ámbitos como la tecnología, la educación, la filosofía o la empresa, que nos han ayudado a mirar con mayor profundidad y a conversar sobre temas como los límites de la IA, la relación entre la inteligencia artificial y la plenitud humana, las oportunidades y amenazas que ésta plantea, la transformación de la educación y del futuro del trabajo o nuestro papel como educadores en un contexto tan particular.

Este viaje se tornaba necesario, pues en el Colegio tenemos la conciencia de custodiar un modelo pedagógico innovador, que nos hace responsables de integrar una tensión apasionante entre la apertura a la evolución y la cautela por preservar los principios permanentes de nuestra condición humana. 

La aproximación del Colegio a los desafíos tecnológicos, por tanto, hunde sus raíces en una concepción de innovación que integra apertura y discernimiento, que considera la acción humana como colaboradora de la acción de Dios y que mira al progreso como un signo de fecundidad que debe perseguirse siempre al servicio de la dignidad humana.

Con todo ello, y partiendo de la inconmensurabilidad de la cuestión de la inteligencia artificial, me gustaría compartir algunos aprendizajes iniciales que iluminan nuestra aproximación a la IA como Colegio tras la formación recibida.

 1. ¿Conducimos con el cristal empañado? El desafío de ubicarnos. 

Comienzo enmarcando la complejidad del tema planteado, ya que sólo su definición ha sido objeto de discusión durante nuestras jornadas. ¿Qué es la IA? ¿Es una herramienta más? El desafío de ubicarnos no es menor, pues únicamente comprendiendo qué es esta tecnología podremos vislumbrar cómo utilizarla de la mejor forma posible.

La inteligencia artificial hace referencia no a una, sino a varias realidades, a un conjunto de procesos cuyo funcionamiento e impacto no conocemos en profundidad. La IA, por tanto, “no es una cosa, sino una familia de cosas”, tal y como apunta Paolo Benantti en su conferencia en Encuentro Madrid. Por otro lado, aunque sabemos que la IA se compone de probabilidades, no sabemos con exactitud cómo aprende, ni en base a qué nos da sus resultados. 

Además, se trata de una tecnología basada en el lenguaje, y que por tanto utiliza el mecanismo fundamental que tenemos los seres humanos para desarrollarnos. Esto, unido al nombre “inteligencia” puede confundir al usuario de la misma, que tiene el riesgo de humanizar y buscar afecto o consejo en lo que es una simple suma de tokens encadenados.

Parece, por tanto, que no está tan claro que es la IA. Tenemos ante nuestras manos el desafío de ubicarnos a través de un cristal que está empañado, pues a diferencia de otras herramientas, que son dominadas por el ser humano con un objetivo, la IA tiene el potencial (con su apariencia de individuo, su diseño que atrapa respondiendo a cualquier costa o sus atractivas promesas a un click) de señorear a quienes deberíamos llevar la voz cantante.

  2. ¿Existe una frontera que la IA nunca debería traspasar? El desafío de custodiar lo esencial.

Ante una novedad que se nos presenta confusa, quizás nos encontremos en un momento “errático”, como cuando un niño se prueba sus patines nuevos por primera vez. Quizás el impacto de la IA en un primer momento esté provocando reacciones desproporcionadas, propias del proceso creativo de descubrir, que nos llevan a equivocarnos, a recapacitar y a aprender. 

En este contexto de prueba y error, ¿existe algún límite que debamos respetar? ¿Cuáles son las fronteras del marco en el que podemos experimentar?

En el Colegio pensamos que un límite fundamental al uso de la IA es la identidad personal. Por eso, nos vemos embarcados en el desafío de custodiarla, como aquello que nos hace únicos e insustituibles.

La identidad de cada persona es una realidad sagrada inimaginable. Todo lo que hacemos en el Colegio está destinado a que cada alumno y cada educador puedan descubrir la riqueza de su propia identidad, que puedan comprender y desarrollar su vocación. La identidad personal es la materia prima fundamental de la excelencia que buscamos. Por eso, consideramos fundamental custodiarla y distinguir en qué medida el uso de la IA la está desarrollando o diluyendo.

En este sentido, en el Colegio comprendemos el trabajo como expresión de nuestra identidad, un escenario donde nos realizamos y aprendemos y que por tanto enaltece, y goza de una dignidad y de una importancia única. Por este motivo, y ante las posibilidades de una herramienta que tiene el poder de sustituirnos en una infinidad de tareas, se torna necesario discernir hasta qué punto el uso de la IA está colaborando o suplantando nuestra identidad. Esta idea abre muy distintos ámbitos de aplicación para los docentes y para los alumnos, entre los que además encontramos distintas necesidades según la etapa evolutiva. 

 3. Tenemos un problema de proporciones. El desafío de autoeducarnos.

En este recorrido, además de clarificar nuestra comprensión de la inteligencia artificial y de enmarcar los límites de nuestra relación con ella, hemos definido nuestra actitud como Colegio frente a los avances tecnológicos. Así pues, ¿cuál debería ser nuestra postura como Colegio ante este momento incierto del progreso con la IA?

El Padre Kentenich en el Acta de Prefundación, el 27 de octubre de 1912, planteaba una pregunta que goza de una gran actualidad:

“¿Están los pueblos cultos y civilizados suficientemente preparados y maduros para hacer buen uso de los enormes progresos materiales de nuestros tiempos? ¿O no es más acertado afirmar que nuestro tiempo se ha hecho esclavo de sus propias conquistas?”

Junto con el glamour del progreso, el padre Kentenich percibe un llamativo vacío interior en el corazón humano. Esta aparente contradicción es, también hoy, objeto de nuestra preocupación educadora como Colegio cuando observamos el impacto de la tecnología en nuestros alumnos.

¿Cómo podemos llevar a la práctica nuestra concepción de innovación: nuestra sed de crecer y de abrirnos al progreso como signo de fecundidad, siempre al servicio de la dignidad humana, en este contexto concreto de inteligencia artificial?

El padre Kentenich, plantea en este sentido la necesidad de establecer una relación proporcional entre el conocimiento del exterior (que denomina macrocosmos) y el del interior (microcosmos). 

“No se necesita un conocimiento extraordinario del mundo y de los hombres para darse cuenta de que nuestro tiempo, con todo su progreso y sus múltiples experimentos no consigue liberar al hombre de su vacío interior. Esto se debe a que toda la atención y toda la actividad tiene exclusivamente por objeto el macrocosmos, el gran mundo en torno a nosotros. (…).  Pero a pesar de esto, hay un mundo, siempre viejo y siempre nuevo, el microcosmos, nuestro propio mundo interior, que permanece desconocido y olvidado. (…) Esta tremenda discrepancia, esta inmensa grieta, se hace cada vez más grande y profunda. En lugar de dominar nuestras conquistas, nos hacemos sus esclavos. 

La IA, al igual que los avances de aquel entonces, nos plantea un problema de proporciones, por el cual, a mayor progreso exterior, (a mayores avances, a mayor complejidad exterior) debemos cultivar, ensanchar y ahondar nuestro mundo interior.

“Avancemos en el conocimiento y en la conquista de nuestro mundo interior por medio de una metódica autoeducación. Cuanto más progreso exterior, tanto mayor profundización interior.”

Ser un Colegio innovador significa, por tanto, acompañar las grandes transformaciones exteriores de nuestro tiempo con un proporcional cultivo del mundo interior. Esto se concreta en la vida cotidiana de cada aula, de cada patio. Abrirnos al progreso guarda una estrecha relación con la actitud de estar atentos a nuestros alumnos, de entrar con profundidad en las preguntas que ellos tienen, garantizar un ambiente de aprendizaje adecuado, conducirles a grandes ideales y aprovechar cada circunstancia del Colegio (ya sea una asignatura, una discusión o cualquier hito concreto) para su crecimiento interior. 

 4. Una competencia digital fundamental. El desafío de discernir.

Este camino de crecimiento en el mundo interior comienza con la autoeducación. Por este motivo, una competencia digital fundamental que debemos trabajar como Colegio es el criterio. Es decir, la capacidad de elegir bien. 

Formar el criterio implica ayudar a nuestros alumnos para que se vinculen de forma sana con la realidad. Cuando uno aprende a relacionarse de manera orgánica con las personas, las cosas, las ideas o con el mundo sobrenatural, desarrolla una profunda capacidad de discernimiento y por tanto un criterio sólido. La tecnología es, pues, un elemento más de esta realidad con el que debemos aprender a relacionarnos adecuadamente. Nos plantea una interesante oportunidad educativa. 

La pedagogía de Schoenstatt nos propone tres dimensiones a la hora de educar la forma de vincularnos, que nutren nuestra aproximación a la IA:

En primer lugar, la vinculación profética. Implica ver la huella de Dios en las cosas, lo que en este caso significa comprender la IA como una realidad del mundo que puede mostrarnos a Dios. ¿De qué manera podríamos utilizar la IA como un vehículo hacia la Verdad, hacia la Belleza y hacia la Bondad? Por ejemplo, cuando un recurso es veraz y riguroso, o cuando utilizamos la IA creativamente, sin desestimar nuestras capacidades, o por ejemplo, cuando su uso nos permite crecer en nuestras relaciones con los demás.

En segundo lugar, la dimensión sacerdotal. Implica distinguir entre fines y medios. La inteligencia artificial es un medio, y por tanto, debe ser utilizado y mostrado como tal, no puede convertirse en el centro del proceso educativo, porque el centro y fin siempre es la persona y su plenitud humana, intelectual y espiritual. Una excesiva preocupación por la eficiencia por parte de los profesores o exponer tempranamente a los alumnos a la tecnología cuando no han madurado su criterio, podría provocar confusión en este sentido.

Por último, la dimensión heroica de la forma de relacionarnos. Implica ser capaces de renunciar, ejercitar la capacidad de prescindir en ocasiones de esta herramienta, de su inmediatez y comodidad. Cultivar una relación con la IA de estas características sería signo de una sana y libre vinculación. 

Así pues, como Colegio estamos embarcados en los desafíos de ubicarnos, de custodiar la identidad personal como algo esencial, de autoeducarnos y de formar el criterio de nuestros alumnos a través del cultivo de vínculos sanos. Concluimos este proceso de formación conscientes de que seguimos en camino. Estas semanas nos permiten tomar conciencia y renovarnos ante nuestra apasionante misión educadora, que nos reta a mirar más lejos, más ancho y más profundo para acompañar a nuestros alumnos por el maravilloso tiempo que nos toca vivir.

Beatriz Cornejo Mazzuchelli

Coordinación Pedagógica Colegio Nuestra Señora de Schoenstatt