San Martín es conocido porque dio la mitad de su capa a un mendigo. Podemos pensar que podría haber pasado a la historia por algo más importante, o podría habérsela dado entera, pero esta historia tiene una explicación. Los soldados romanos no son dueños de su capa entera; la mitad pertenece al estado. Al dar la mitad, estaba dando todo lo que le correspondía, todo lo que tenía. Uno no puede dar lo que no le pertenece y el santo quiso hacer todo lo que estaba en su mano sin incumplir la ley de Roma.
Martín, en una guardia, una noche muy fría, sintió compasión y vistió a un mendicante semidesnudo. Jesús se le apareció en sueños diciendo: “He aquí Martín, él me ha vestido”. Recordamos así las palabras recogidas por Mateo: «De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis». (Mateo 25:40) Esto fue sólo el principio, pues dejó el ejército y dio su vida al Señor. Llegó a ser obispo de Tours, aunque rechazó las riquezas que eso conllevaba, manteniéndose en pobreza igual que el hombre al que vistió. Su camino hacia la santidad, que resume bien la historia de la capa, consistió en ser siempre refugio para miserables y presos.
El 11 de noviembre se celebra, en Alemania, Martinstag (Día de San Martín). El santo se recuerda cada año por los niños alemanes que salen a cantar a las calles con farolillos. En nuestro colegio queremos mantener viva esta tradición para acercar a los alumnos a la cultura alemana. Los cursos de 4.º, 5.º y 6.º de primaria hacen sus propios farolillos, con diferentes materiales y mucha creatividad. Además, los niños aprenden canciones típicas de Sankt Martin y luego las representan para los pequeños de primaria e infantil. Esta actividad no solo es festiva y entrañable, sino que también aporta un gran valor educativo: la dimensión cultural es esencial en el aprendizaje de idiomas. Conocer tradiciones, canciones y costumbres permite a los estudiantes comprender mejor el idioma y su contexto, haciendo que el aprendizaje sea más completo, significativo y motivador.
Lo que a simple vista pudo parecer un gesto cualquiera, nos recuerda todos los días que, vistiendo al prójimo necesitado, vestimos a Jesús Pobre. Con el ejemplo de San Martín, los niños no olvidarán que aquello que se hace por otro tiene un valor incalculable.
Frau Cristina Marchini
Profesora de Alemán



