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Un reencuentro que impulsa


Después de las vacaciones de Navidad, el colegio volvió a llenarse de voces, de ilusión y de esa alegría tan especial que traen los niños cuando vuelven al colegio. Enero siempre tiene algo de renacer: volvemos con el corazón más lleno, con nuevas fuerzas y con ganas de seguir acompañando a cada alumno en su camino. Este año, además, ha sido especial porque hemos tenido por primera vez las reuniones de familias a mitad de curso, un espacio que ha nacido para encontrarnos y mirar juntos lo que de verdad importa: el crecimiento de vuestros hijos.

Cada encuentro ha sido una oportunidad para compartir miradas, impresiones y vivencias. Hemos podido hablar de cómo cada grupo avanza, de sus pequeñas conquistas, de sus retos y de ese proceso tan bonito en el que van descubriendo quiénes son. Ha sido emocionante ver cómo, desde perspectivas distintas pero complementarias, familia y colegio coincidimos en un mismo deseo: que cada niño crezca feliz, seguro y acompañado.

En nuestro colegio creemos profundamente en el valor único de cada alumno. Cada uno tiene su ritmo, su historia, sus talentos y esa luz propia que Dios ha puesto en ellos. Las reuniones de enero nos han permitido detenernos para observar esa luz con más claridad. A veces, en la rapidez del día a día, no encontramos el tiempo para hacerlo con la profundidad que merece.

También hemos sentido vuestra cercanía y vuestra implicación. Escucharos hablar de vuestros hijos con tanto cariño y tanta verdad nos recuerda que la educación es un camino compartido. Cuando familia y colegio se encuentran desde la confianza, los niños lo perciben. Se sienten sostenidos, valorados y capaces de dar lo mejor de sí mismos. Y eso es, sin duda, el mayor motor de su crecimiento.

Gracias por vuestra presencia, por vuestra escucha y por abrirnos vuestra mirada. Gracias por confiar en este proyecto educativo que busca acompañar a cada niño en todas sus dimensiones: su mente, su corazón y su espíritu.

Seguiremos creando espacios de encuentro que nos permitan seguir caminando juntos. Porque cada niño es un tesoro, una semilla que merece ser cuidada con amor, paciencia y esperanza. Y porque, cuando unimos fuerzas, la educación se convierte en una verdadera comunidad que crece unida.

Srta. Macarena Gutiérrez Saavedra
Turora de Educación Primaria