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Nuestro Santuario tambien es colegio


En el Mes de María, nuestros alumnos empiezan todas las mañanas con una visita al Santuario. Puede parecer un gesto sencillo, pero que para nosotros tiene un sentido educativo profundo. Porque educar no es solo enseñar contenidos: es acompañar a cada niño en su crecimiento como persona, ayudarle a encontrar sentido y a construir una forma de vivir con más profundidad.

En el colegio entendemos la educación como algo que se va construyendo en el día a día, a través de todo lo que rodea al niño. Hablamos de educación por atmósfera porque creemos que también educan los espacios, la belleza, el clima de las aulas, los gestos cotidianos, los silencios…

Dentro de ese entorno educativo, tenemos la suerte de tener tan cerca el Santuario. No lo vivimos sólo como un lugar de oración, sino como un punto de referencia en la vida del colegio. Esto nos permite que los alumnos empiecen el día de otra manera. En nuestra vida cotidiana, marcada tantas veces por la prisa y la actividad constante, estos minutos adquieren un valor que quizá no siempre se ve. Ir juntos hasta el Santuario, detenerse un momento ante María, dar gracias, pedir ayuda o simplemente estar en silencio… con todo esto, se va formando poco a poco la vida interior de los niños. La presencia de María en el colegio contribuye además a algo muy concreto en la vida educativa: crea un clima de acogida. Los niños perciben, de una forma muy sencilla, que son valorados, queridos y aceptados tal como son. Y esto no es secundario en la educación. Un niño que se sabe querido crece con más seguridad y aprende valorando su originalidad, lo que le hace único.

Por eso, estas visitas diarias al Santuario durante el Mes de María no son un sin simple parón, sino parte de su educación, Son una forma concreta de cuidar no sólo el aprendizaje, sino también el mundo interior de los alumnos. Al ir cada mañana al Santuario, no solo cojen fuerza para su día escolar. Están también dando pequeños pasos en un aprendizaje más profundo: el de buscar vivir más agradecido y con el corazón orientado a lo que de verdad importa.

Teresa Cubillo Mazzuchelli

Editora de Signos de VIctoria